Resúmen y estudio biblico de el libro del profeta Ezequiel
Nabucodonosor fue un rey babilónico que hizo temblar a las naciones más poderosas de su tiempo. Su padre había arrasado el poderoso imperio de los asirios en la batalla de Nínive.
En el año 597 antes de Cristo, Nabucodonosor sitió Jerusalén. El rey Joaquín, descendiente de la estirpe de David, se rindió y pagó un gran tributo. Pero con el fin de reafirmar su autoridad, Nabucodonosor destituyó a Joaquín para llevárselo cautivo, y puso en lugar de rey de Judá al tío de Joaquín, Sedequías (el último rey de Judá).
Entre las víctimas de aquella deportación se encontraba un sacerdote de Jerusalén. Este sacerdote tendría visiones impactantes. Tendría palabras proféticas, algunas de ellas con gran misterio.
Ezequiel significa “Dios es fuerte” o “que Dios fortalezca”. Hijo del sacerdote Buzi, Ezequiel ejerció su actividad profética en aproximadamente poco más de 20 años, entre el año 593 al 571 antes de Cristo. Su pertenencia a la clase sacerdotal se puede notar en el mensaje y en las visiones que Dios le daba, al escuchar su descripción de aquello que veía.
La deportación en la que fue llevado Ezequiel, no es la misma en la que fue deportado el profeta Daniel, años antes.
606 a.C. Primeros cautivos llevados a Babilonia, entre ellos Daniel.
597 a.C. Otros cautivos son llevados a Babilonia, entre ellos Ezequiel. Quedan en Jerusalén los pobres y el vulgo.
586 a.C. Destrucción de Jerusalén. El profeta Jeremías es liberado de la cárcel por el general de Nabucodonosor.
Mientras estaba Ezequiel en el río Quebar, compartiendo el destino de sus hermanos deportados, el sacerdote tiene su primera visión a los 30 años de edad (Capítulo 1).
v.2-3"En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, a los cinco días del mes, vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar; vino allí sobre él la mano de Jehová".
La primer visión muestra la gloria de Dios entre los cautivos. El profeta vio primero un viento tempestuoso que venía del norte. De pronto es impactado por la visión de cuatro seres, cada uno con cuatro caras: de buey, de león, águila y hombre. Había ruedas en cada uno de los seres con ojos, en donde allí parecía estar su espíritu.
Esta descripción ha llevado a personas a conjeturar en nuestros tiempos que Ezequiel había visto un ovni. Lo cierto es que el lenguaje profético se sirve del símil al intentar explicar cosas que se ven, buscando objetos terrenales para describir lo celestial, tal como la gloria de Dios comúnmente descripta como fuego.
Ezequiel ve el trono y la gloria de Dios, que hace que se postre inmediatamente. El llamado de Dios deviene en un primer mensaje contenido en un rollo: juicio y reprensión a dejar la maldad.
Ezequiel es advertido de que no sería popular en el pueblo por dar este mensaje y, acto seguido, el profeta se come el rollo, el cual le resultaba dulce como la miel. Esto significa la asimilación del mensaje divino, de tal manera que todo su ser queda compenetrado con el mensaje profético.
Ezequiel 2:3-4 "Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón..."
Hasta la desaparición del reino de Judá, Ezequiel profetiza al pueblo en dispersión que las esperanzas de sus compatriotas caerían en saco roto.
Los judíos deportados creían todavía que Jerusalén no caería, y es entonces donde el profeta advierte que cada uno moriría por su propio pecado (3:16–21 / 18:20). Ya no podrían apelar a sus padres para bien ni para mal en cuanto al juicio destinado al reino de Judá. El Señor no quiere la muerte del pecador, sino que el pecador se arrepienta de sus malos caminos (18:23; 33:11).
En los capítulos 4 al capítulo 8, el profeta anuncia casi siete años antes que Jerusalén sería nuevamente sitiada y que finalmente caería arrasada por sus pecados, homicidios e idolatría, entre otras denuncias morales.
Ezequiel 4:16-17 "Me dijo luego: Hijo de hombre, he aquí quebrantaré el sustento del pan en Jerusalén; y comerán el pan por peso y con angustia, y beberán el agua por medida y con espanto, para que al faltarles el pan y el agua, se miren unos a otros con espanto, y se consuman en su maldad".
6:4-7 "Vuestros altares serán asolados, y vuestras imágenes del sol serán quebradas; y haré que caigan vuestros muertos delante de vuestros ídolos. Y pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus ídolos, y vuestros huesos esparciré en derredor de vuestros altares. Dondequiera que habitéis, serán desiertas las ciudades, y los lugares altos serán asolados"
Según el texto (Capítulo 8), el profeta pudo ver las abominaciones que hacía el pueblo de Israel y sus autoridades dentro del templo. Los ancianos de Jerusalén, entre quienes se menciona destacadamente a Lazanías hijo de Safán, a escondidas adoraban a todo tipo de ídolos animales en una sala secreta dentro del templo.
Ezequiel conocía perfectamente el templo, y vemos cómo describe con facilidad los lugares que veía del templo. También vio en los atrios adoradores del sol y una mujer llorando al ídolo Tamuz. Todos ellos creían que Dios no veía lo que hacían en secreto, pero esas abominaciones eran traspasadas de generación en generación, y ya el juicio llegaba a terminar con toda la maldad de Judá.
La visión prosigue en el capítulo 10, con un dato impactante: la gloria del Señor abandonando el templo y, por lo tanto, Jerusalén (11:22–25). Momentos de pena y desgracia esperarían los judíos. Dios ya no escucharía los gritos ni los pedidos, y Jerusalén habría de caer.
El remanente fiel en la ciudad sería marcado con una señal, para no ser parte de la destrucción y el juicio (Ezequiel 9:4).
Esta profecía cumplida hizo rápidamente de Ezequiel un profeta fiel y verdadero. Esto es importante comprenderlo en su contexto. Había muchos profetas falsos en comparación con los profetas verdaderos.
En el mismo tiempo de Ezequiel, el profeta Jeremías advertía lo mismo, pero todavía en Jerusalén, mientras que el falso profeta Ananías profetizaba lo contrario, endulzando los oídos de los habitantes de Jerusalén, diciendo que la ciudad no caería si se rebelaba contra Babilonia (Jeremías 28).
El capítulo once suma a dos falsos consejeros que eran príncipes de Jerusalén, Lazanías y Pelatías. Ellos también tenían esta falsa seguridad de que Jerusalén estaba a salvo. Pero Ezequiel profetiza contra ellos y su falsa seguridad, y Pelatías muere. El profeta parece haber sido transportado desde su exilio hasta la puerta oriental de Jerusalén, donde ocurría esta reunión de los príncipes judíos y donde profetiza contra la ciudad.
El juicio a los falsos profetas y falsas profetisas se expresa con mayor énfasis en el capítulo 13.
En el capítulo 12, con un acto profético, Ezequiel escapa de la ciudad donde vivía por orden de Dios, con especificaciones de lo que debía hacer. Esto era un presagio de la fallida escapatoria del último rey de Judá, Sedequías, quien escaparía de la ciudad disfrazado, pero sería detenido y llevado cautivo a Babilonia, donde moriría ciego.
Ezequiel 12:12-13 "Y al príncipe que está en medio de ellos llevarán a cuestas de noche, y saldrán; por la pared abrirán paso para sacarlo por ella; cubrirá su rostro para no ver con sus ojos la tierra. Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá".
En el capítulo 16, Ezequiel menciona la figura de la infidelidad del pueblo de Dios a través de una palabra del Señor. Es un lenguaje que fue introducido tiempo atrás con el profeta Oseas y empleado como figura de cómo el pueblo fornica con ídolos paganos, siendo infiel a Dios. Allí recuerda a Judá el juicio de otras ciudades, incluso de su hermana, la ciudad de Samaria, que había caído dos siglos atrás frente a Asiria. La desnudez de Jerusalén sería objeto de burla para los enemigos históricos de Israel, como los filisteos.
En este tenor, vemos en el capítulo 19 cómo Ezequiel compone una endecha cantada en lamento por la caída de Judá y sus últimos reyes.
Desde el capítulo 20 al 24, Ezequiel continúa sistemáticamente en su ministerio advirtiendo la inminente caída y juicio contra Jerusalén por sus maldades.
Ezequiel 21:9-12 "Hijo de hombre, profetiza, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: Di: La espada, la espada está afilada, y también pulida. Para degollar víctimas está afilada, pulida está para que relumbre. ¿Hemos de alegrarnos? Al cetro de mi hijo ha despreciado como a un palo cualquiera. Y la dio a pulir para tenerla a mano; la espada está afilada, y está pulida para entregarla en mano del matador. Clama y lamenta, oh hijo de hombre; porque esta será sobre mi pueblo, será ella sobre todos los príncipes de Israel; caerán ellos a espada juntamente con mi pueblo".
En medio de esto, tenemos un punto importante entre sus profecías y la caída de Jerusalén: la muerte de la esposa del profeta (24:15–27). Dios le avisa que se llevará a su esposa ese mismo día, pero le indica que no debía hacer duelo, de manera que el pueblo llevado al cautiverio vea el presagio de lo que ocurrirá cuando caiga Jerusalén.
Luego de que Ezequiel dio la palabra profética al pueblo, quedó mudo hasta que se cumpliese la caída de Jerusalén profetizada.
A partir del capítulo 25 hasta el capítulo 32, encontramos los juicios escritos a las naciones cercanas a Israel. No solo Judá debía comparecer al juicio, sino que después de la ejecución del mismo seguirían las naciones que habían tenido contacto con Israel y con el Dios verdadero.
El primer juicio es contra Amón y Moab, quienes serían conquistados y subyugados por pueblos orientales (25:1–11). Mientras que Edom sería completamente destruida, exterminado su pueblo y dejadas en ruinas sus ciudades (25:12–14). Los filisteos serían castigados duramente (25:15–17), así mismo Sidón (28:20–24).
La populosa ciudad de Tiro estaba en medio del agua y parecía completamente imposible de conquistar; caería en manos de Nabucodonosor y luego sería destruida (cap. 26–28). La figura de Tiro como una ciudad orgullosa y altanera serviría para una de las profecías que introduciría la caída del querubín que el profeta Isaías mencionó con el nombre de Lucifer (Is. 14:12–14).
Ezequiel 28:3-19 "Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser".
Son varias las ocasiones en que en la Biblia se utiliza una doble referencia a dos casos distintos o dos personas. Tal es el caso de Jesús diciéndole a Pedro: “sal de delante de mí, Satanás”. Jesús le hablaba a Pedro, pero al mismo tiempo, en la tentación que podían producir las palabras de Pedro, de que no acontezca su muerte, hizo referencia a los intentos de Satanás de tentarlo.
Así pues, la doble referencia en el capítulo 28, hablando del rey de Tiro, también refiere a alguien más, que el texto revelará como un querubín orgulloso que quiso tomar el lugar de Dios. Algunas características que da el texto, como que este querubín se paseaba en el huerto del Edén y ser echado del monte de Dios, dan lugar a que la endecha dada al rey de Tiro sea pronunciada en doble referencia a la tragedia de la caída de Lucifer.
(*El “Daniel” mencionado en el capítulo 28:3 refiere a un héroe fenicio, no al profeta bíblico).
Lo mismo sucede con la profecía contra Egipto en los capítulos 30 y 31, quienes caerían siendo dispersados. Nuevamente vemos que se introduce la doble referencia, donde Jehová compara la caída de Egipto con la caída de Asiria (31:3) y nuevamente con la caída de alguien que estaba en el huerto de Dios (31:8), lleno de hermosura (31:8), cuya altivez lo enorgulleció (31:10) y que cae junto a sus secuaces al abismo (31:15–18).
Ezequiel 31"He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosas ramas, de frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas. Las aguas lo hicieron crecer, lo encumbró el abismo; sus ríos corrían alrededor de su pie, y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes. Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado. En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones. Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas. Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios; las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a su ramaje; ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él en su hermosura. Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los árboles de Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia. Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura, yo lo entregaré en manos del poderoso de las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado. Y lo destruirán extranjeros, los poderosos de las naciones, y lo derribarán; sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todos los arroyos de la tierra será quebrado su ramaje; y se irán de su sombra todos los pueblos de la tierra, y lo dejarán. Sobre su ruina habitarán todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo, para que no se exalten en su altura todos los árboles que crecen junto a las aguas, ni levanten su copa entre la espesura, ni confíen en su altura todos los que beben aguas; porque todos están destinados a muerte, a lo profundo de la tierra, entre los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa. Así ha dicho Jehová el Señor: El día que descendió al Seol, hice hacer luto, hice cubrir por él el abismo, y detuve sus ríos, y las muchas aguas fueron detenidas; al Líbano cubrí de tinieblas por él, y todos los árboles del campo se desmayaron. Del estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando las hice descender al Seol con todos los que descienden a la sepultura; y todos los árboles escogidos de Edén, y los mejores del Líbano, todos los que beben aguas, fueron consolados en lo profundo de la tierra. También ellos descendieron con él al Seol, con los muertos a espada, los que fueron su brazo, los que estuvieron a su sombra en medio de las naciones. ¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre los árboles de Edén? Pues derribado serás con los árboles de Edén en lo profundo de la tierra; entre los incircuncisos yacerás, con los muertos a espada".
Esto nos cuenta, en doble referencia y por partes, la impactante historia de la caída de Satanás y sus ángeles.
Once años después del exilio de Ezequiel, una noticia llegó desde Jerusalén. La palabra profética se cumplió, y la ciudad fue arrasada por completo en manos de Nabucodonosor. Ezequiel estaba mudo tras la muerte de su esposa, pero en ese mismo momento le fue devuelto el habla.
Ezequiel fue llamado como centinela por Dios (Capítulo 33), y el pueblo, luego de la caída de Jerusalén, se reunía a escuchar con más atención al profeta, pero aún no ponían en práctica sus palabras. El pueblo reconocería tiempo después que Ezequiel era un profeta de Dios entre ellos.
Entre las profecías siguientes encontramos algunas menciones mesiánicas en el capítulo 34, como la del versículo 11, donde Dios dice que Él mismo iba a buscar a sus ovejas como la prefigura del buen pastor.
O la de los versículos 23 y 24, donde se anuncia la llegada de un descendiente de David que vendría a servir. En el capítulo 37:24 también reafirma la futura llegada de David, referente al Mesías.
Pero también, a partir del capítulo 36, encontramos la promesa de restauración de Israel. Ya antes se menciona brevemente esto (17:22–24 / 28:25–26), pero en el capítulo 36:22 al 38 se extiende la promesa de hacer volver a los exiliados (36:24).
Es donde Ezequiel profetiza a la multitud de huesos secos en un valle (37:1–14).
La visión representaba a Israel en los huesos secos. Dios ordena a Ezequiel profetizar sobre los huesos. De pronto empezaron a formarse los ligamentos, músculos y la piel, pero no tenían espíritu. Es cuando el profeta recibe orden de orar al espíritu para que sople desde los cuatro vientos y revivan los cuerpos. Y de pronto, sucedió.
En los capítulos 38 y 39, la profecía parece enfocarse en el final de los tiempos, hablando de Gog y Magog. La guerra de Gog y Magog también la encontramos en Apocalipsis 20:8.
Algunos expertos afirman que Gog refiere al príncipe de Ros, mientras que los mencionados Mesec y Tubal algunos interpretan que proceden de los antiguos habitantes de Rusia.
(Las interpretación escatológicas sobre estos temas secundarios no son univocas en el cristianismo).
Este ejército iría a caer en batalla en la tierra de Israel, aterrorizado por la pestilencia, el fuego y el azufre, un relato coincidente con el de Apocalipsis, sin dudas.
La profecía termina nuevamente con la promesa de repatriar a los exiliados y dispersos por el mundo. Pero el libro de Ezequiel no solo terminaría con la restauración de Israel, sino que del capítulo 40 hasta el final del libro, en el capítulo 48, se establecen las bases religiosas y políticas del futuro Israel. La interpretación de estos textos finales puede variar, y hay quienes piensan que se refieren a la Iglesia, mientras que otros creen que refieren a la Nueva Jerusalén.
El texto nos muestra el templo, con medidas exactas y, por sobre todo, con una futura promesa hermosa: el retorno de la gloria de Dios a Jerusalén desde el oriente (Cap.43).


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