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Epístola de Policarpo (discípulo del apóstol Juan ) a la iglesia de Filipos | Carta de Policarpo de Esmirna a los Filipenses

Policarpo de Esmirna, es considerado uno de los padres apostólicos de la iglesia. Nació aproximadamente en el año 70 D.C, y fue discípulo directo de el apóstol Juan, según los padres de la iglesia como Ireneo de Lyon, Tertuliano y Jerónimo.

En la única carta que sobrevivió hasta nuestros días, Policarpo les escribe a la iglesia de Filipos, a la cuál les envia la epístola en respuesta a otra carta enviada por los filipenses a él (la carta de los filipenses hacia Policarpo están perdidas).

Epístola de Policarpo a los Filipenses

Apróximadamente fue escrita en el año 120 DC, y en términos generales, la carta  contiene exhortaciones: 

  • A hacer la voluntad de Dios ( Párrafos I - II)
  • Amor a Cristo y al prójimo (Párrafo III)
  • Exhortaciones y consejos a diferentes grupos: mujeres (casadas y viudas), los diáconos, los jóvenes, las vírgenes y los presbíteros ( Párrafos IV - V - VI)
  • A abandonar toda falsa enseñanza (Párrafo VII)
  • A mantenernos firmes (Párrafo VIII)
  • A ser obedientes a la palabra de Justicia, y el sufrimiento (Párrafo IX)
  • Exhortaciones prácticas varias (Párrafo X)
  • Abstenerse de la codicia y el mal (Párrafo XI)

1) Luego de la salutación inicial, en el párrafo I , Policarpo desarrolla las doctrinas de la gracia, la muerte y resurrección de Cristo. También recuerda la fidelidad y buena fama de la iglesia de Filipos, desde el tiempo de los apóstoles "...la firme raíz de vuestra fe, cuya fama llega a los tiempos primitivos, permanece aún ahora y lleva fruto para nuestro Señor Jesucristo...".

2) En el párrafo II Policarpo recuerda la doctrina cristiana enseñada por Jesús, acerca de amar a quienes no nos aman y nos hacen daño, "dar la otra mejilla". También se dedica a exhortar a ser misericordiosos con nuestro prójimo.

3) En el párrafo III, Policarpo hace referencia a las enseñanzas del Apóstol Pablo a la iglesia de los Filipenses, y a su respectiva carta a los cristianos de esa ciudad (Hechos 16:12-40)."Porque ni yo, ni hombre alguno, puede seguir la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, el cual, cuando estuvo entre vosotros, enseñó cara a cara a los hombres de aquel día la palabra de verdad con cuidado y certeza; y cuando estuvo ausente, os escribió una carta..." . 

4) En el párrafo IV, Policarpo aconseja a las esposas y mujeres viudas con ejemplos prácticos provenientes de la actitud que los apóstoles a su vez aconsejaban a las mujeres cristianas del primer siglo.

5) En el párrafo V , Policarpo repite los requisitos que debe tener un diacono para servir en la iglesia. Lo más valioso de este parrafo, es que obtenemos el valioso testimonio de que los diaconos en el segundo siglo, eran considerados como autoridad para la iglesia "...sometiéndoos a los presbíteros y diáconos como a Dios y a Cristo..." .

6) En el párrafo VI, Policarpo da consejos prácticos de lo que el Prebístero (anciano) debía hacer: debia hacer volver a las ovejas extraviadas, visitar todos los enfermos, sin descuidar una viuda o un huérfano o un pobre, absteniéndose de toda ira, acepción de personas, juicios injustos, apartándose de todo amor al dinero, no prontos a creer nada en contra de un hombre, sin enjuiciar precipitadamente.

7) En los párrafos VII y VIII, Policarpo hace una fuerte defensa en contra del Doscetismo, el cuál era una secta gnóstica que infestaba la iglesia, las cuales algunas de ellas enseñaban que Cristo no era Dios, entre otras cosas.

8) En el párrafo IX, Policarpo menciona a Ignacio, Zósimo y Rufo, los cuales habían sido martirizados al igual que los apóstoless

9) En el párrafo X , las exhortaciones de Policarpo provienen de la ortodoxia doctrinales de las enseñanzas de los apóstoles. Fe , amor , compasión y afectos son algunas de las exhortaciones a los cristianos de Filipos.

10) En el párrafo XI , se menciona el caso de Valente, un prebístero arrastrado por la avaricia, el amor al dinero, el cual , por testimonio de Policarpo, se vio envuelto en una falta grave que le significó la destitución de su ministerio.

11) En el párrafo XII, felicita a los cristianos de Filipos por estar versados en las escrituras, por lo cual les agrega un pedido de oración por distintos aspectos de la vida.

12) En los párrafos XIII - XIV , Policarpo menciona a Ignacio de Antioquia, el reconocido Obispo. Ignacio de Antioquía le había pedido a Policarpo que enviase un mensajero a Antioquía, a fin de llevarles a los cristianos sus felicitaciones y animándolos [ver Ep. a Policarpo 7,2; 8,1]. La comunidad de Filipos, según parece, les había escrito a los Antioquenos con idéntica finalidad. 

Policarpo les responde a los cristianos de Filipos, que enviará las cartas de Ignacio, conjuntamente con la carta que estaba terminando de escribir.

Por último, se menciona a Crescente. El cual, no es el secretario de Policarpo, sino el portador de la carta [ver Ignacio de Antioquía, Rom. 10,1; Filad. 11,2; Esmir. 12,1])


Texto de la epístola de Policarpo a los Filipenses: 


"Policarpo y los presbíteros que están con él a la Iglesia de Dios que reside en Filipos; misericordia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso y Jesucristo nuestro Salvador os sea multiplicada.

La fe en Jesucristo

I. Me gocé en gran manera con vosotros en nuestro Señor Jesucristo, por el hecho de que recibisteis a los seguidores del verdadero Amor y los escoltasteis en su camino, como os correspondía hacer —hombres puestos en santas cadenas que son las diademas de los que son verdaderamente escogidos por Dios y nuestro Señor— y que la firme raíz de vuestra fe, cuya fama llega a los tiempos primitivos, permanece aún ahora y lleva fruto para nuestro Señor Jesucristo, que sufrió para hacer frente incluso a la muerte por nuestros pecados, a quien Dios levantó, habiendo soltado de los dolores del Hades, a quien amáis sin haberle visto, con gozo inefable y glorioso; en cuyo gozo ( 1 P. 1:8) muchos desean entrar; por cuanto vosotros sabéis que es por gracia que somos salvos, no por obras, sino por la voluntad de Dios por medio de Jesucristo (Ef. 2:5 - 8:9).

II. Por lo cual ceñid vuestros lomos y servid a Dios con temor y verdad (1 P. 1:13) , abandonando las parlerías vanas y vacías y el error de muchos, porque habéis creído en Aquel que levantó a nuestros Señor Jesucristo de los muertos y le dio gloria y un trono a su diestra (1 P. 1:21); al cual fueron sometidas todas las cosas en el cielo y en la tierra ( Filipenses 2:10 - 3:21) ; al cual toda criatura que tiene aliento sirve; que viene como juez de los vivos y los muertos (Hechs 10:42) ; cuya sangre Dios requerirá de todos los que le son desobedientes. Ahora bien, el que le levantó a Él de los muertos nos levantará también a nosotros (2 Cor. 4:14) ; si hacemos su voluntad y andamos en sus mandamientos y amamos las cosas que El amó, absteniéndonos de toda injusticia, codicia, amor al dinero, hablar con malicia, falso testimonio; no devolviendo mal por mal o burlas por burlas, o golpe por golpe, o maldición por maldición ( 1 P. 3:9) ; sino recordando las palabras que dijo el Señor cuando enseiió: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Perdonad, y seréis perdonados. Tened misericordia, para que podáis recibir misericordia. Con la medida que medís, se os medirá a vosotros; y también: Bienaventurados los pobres y los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de Dios.


III. Estas cosas os escribo, hermanos, con respecto a la justicia, no porque yo me impusiera esta carga, sino porque vosotros me invitasteis. Porque ni yo, ni hombre alguno, puede seguir la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, el cual, cuando estuvo entre vosotros, enseñó cara a cara a los hombres de aquel día la palabra de verdad con cuidado y certeza; y cuando estuvo ausente, os escribió una carta, en la cual, si la escudriñáis con diligencia, podréis ser edificados en la fe que se os ha dado, la cual es la madre de todos nosotros, en tanto que la esperanza sigue en pos y el amor va delante —amor hacia Dios y Cristo y hacia nuestro prójimo—. Porque si un hombre se ocupa de ello, ha cumplido los mandamientos de la justicia; porque el que ama está lejos de todo pecado.

IV. Pero el amor al dinero es el comienzo de todos los males. Sabiendo, pues, que no trajimos nada a este mundo ni tampoco nos llevaremos nada de él (1 Tim. 6:7), aprestémonos con la armadura de la justicia, y enseñémonos primero a andar en el mandamiento del Señor; y luego nuestras esposas también, a andar en la fe que les ha sido dada y en amor y pureza, apreciando a sus propios esposos en toda verdad y amando a todos los hombres igualmente en toda castidad, y criando a sus hijos en el temor de Dios. Nuestras viudas deben ser sobrias en lo que se refiere a la fe del Señor, haciendo intercesión sin cesar por todos los hombres, absteniéndose de toda calumnia, de hablar con malicia, dar falso testimonio, amar el dinero y toda cosa mala, sabiendo que son el altar de Dios, y que todos los sacrificios son inspeccionados cuidadosamente, y nada escapa de Él, ni sus pensamientos ni las intenciones o alguna de las cosas secretas del corazon.

V. Sabiendo, pues, que de Dios nadie se mofa, deberíamos andar dignamente en su mandamiento y su gloria. De igual manera los diáconos deben ser intachables en la presencia de su justicia, como diáconos de Dios y Cristo y no de hombres; no calumniadores, ni con doblez de palabra, ni amantes del dinero, templados en todas las cosas, compasivos, diligentes, andando en conformidad con la verdad del Señor que se hizo ministro (diácono) de todos. Porque si le agradamos en este mundo presente, recibiremos también el mundo futuro, según Él nos prometió que nos levantaría de los muertos, y que si nos conducimos dignamente de Él, también reinaremos con Él si en verdad tenemos fe. De la misma manera también los jóvenes deben ser intachables en todas las cosas, cuidando de la pureza ante todo y apartándose de toda clase de mal. Porque es bueno refrenarse de las concupiscencias del mundo, porque toda concupiscencia batalla contra el Espíritu, y ni los fornicarios, ni los afeminados, ni los que se contaminan entre sí con hombres heredarán el reino de Dios, ni los que hacen cosas impropias. Por lo tanto es justo abstenerse de todas estas cosas, sometiéndoos a los presbíteros y diáconos como a Dios y a Cristo. Las vfrgenes deben andar en una conciencia inmaculada y pura.

VI. Y los presbíteros también deben ser compasivos, misericordiosos hacia los hombres, haciendo volver a las ovejas que se han extraviado, visitando a todos los enfermos, sin descuidar una viuda o un huérfano o un pobre: sino procurando hacer siempre lo que es honroso a la vista de Dios y de los hombres, absteniéndose de toda ira, acepción de personas, juicios injustos, apartándose de todo amor al dinero, no prontos a creer nada en contra de un hombre, sin enjuiciar precipitadamente, sabiendo que todos somos deudores de pecado. Si, pues, rogamos al Señor que nos perdone, nosotros deberíamos también perdonar: porque estamos delante de los ojos de nuestros Señor y Dios, y todos hemos de presentarnos ante el trono del juicio de Cristo, cada uno tendrá que dar cuenta de sí. Por tanto, sirvámosle de tal modo con temor y toda reverencia, como Él mismo dio mandamiento y los apóstoles que os predicaron el Evangelio y los profetas que proclamaron con antelación la venida de nuestro Señor; siendo celosos en cuanto a lo que es bueno, absteniéndoos de ofensas y de los falsos hermanos y de los que llevan el nombre del Señor hipócritamente, que hacen descarriar a los necios.

VII. Porque todo el que no confiesa que Jesucristo ha venido en la carne, es anticristo; y todo el que no confiesa el testimonio de la cruz, es del diablo; y todo el que tergiversa las palabras del Señor para sus propios deseos carnales y dice que no hay resurrección ni juicio, este hombre es el primogénito de Satanás. Por lo tanto, abandonemos las acciones vanas de muchos y sus falsas enseñanzas, y volvamos a la palabra que nos ha sido entregada desde el principio, siendo sobrios en la oración y constantes en los ayunos, rogando al Dios omnisciente, con suplicaciones, que no nos deje caer en la tentación, según dijo el Señor: El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

VIII. Por tanto, mantengámonos sin cesar firmes en nuestra esperanza y en las arras de nuestra justicia, que es Jesucristo, el cual tomó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, y no pecó, ni fue hallado engaño en su boca, sino que por amor a nosotros sufrió todas las cosas, para que pudiéramos vivir en Él. Por tanto seamos imitadores de su resistencia en los sufrimientos; y si sufrimos por amor a su nombre, glorifiquémosle. Porque Él nos dio este ejemplo en su propia persona, y nosotros lo hemos creído.

IX. Por tanto, os exhorto a todos a ser obedientes a la palabra de justicia y a soportarlo todo, según visteis con vuestros propios ojos en los bienaventurados Ignacio, Zósimo y Rufo, sí, y en los otros también que han venido a vosotros, así como en el mismo Pablo y en el resto de los apóstoles; estando persuadidos de que todos éstos no corrieron en vano, sino en fe y justicia, y que están en su lugar debido en la presencia del Señor, con el cual han sufrido también. Porque no amaron al mundo presente, sino a Aquel que murió por amor a nosotros y fue resucitado por Dios para nosotros.

X. Estad firmes, pues, en estas cosas y seguid el ejemplo del Señor, manteniéndoos firmes en la fe inconmovibles, amad la fraternidad, y tened afecto los unos a los otros, adheridos a la verdad, previniéndoos los unos a los otros en la mansedumbre del Señor, sin despreciar a nadie. Cuando podáis hacer bien, no lo demoréis, porque la compasión libra de la muerte. Estad sometidos los unos a los otros, y que vuestros tratos con los gentiles sean intachables, para que de vuestras buenas obras podáis recibir alabanza y a la vez que el Señor no sea blasfemado en vosotros. Porque ¡ay de aquel a causa del cual es blasfemado el nombre del Señor! Por tanto, enseñad sobriedad a todos los hombres, y andad vosotros en ella.

XI. Sentí gran pena a causa de Valens, el cual en otro tiempo era presbítero entre vosotros, a causa de su ignorancia respecto al cargo que le fue conferido. Os advierto, pues, que os abstengáis de la codicia y que seáis puros y fieles. Absteneos de todo mal. Pero el que no puede gobemarse en estas cosas, ¿cómo puede hacerlas cumplir a otros? Si un hombre no se abstiene de la codicia será corrompido por la idolatría y será juzgado como uno de los gentiles que no conocen el juicio del Señor. ¡Cómo! ¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo, según enseña Pablo? (1 Cor. 6:2) Pero no he hallado cosa semejante en vosotros, ni la he oído, entre aquellos con quienes trabajó el bienaventurado Pablo, que fuisteis sus cartas al principio (alabados al principio de su carta). Porque él se gloriaba de vosotros en todas las iglesias que eran las únicas que en aquel tiempo conocían a Dios; porque nosotros no le conocíamos todavía. Por tanto, tengo muchísima pena a causa de él y de su esposa, a los cuales el Señor quiera conceder verdadero arrepentimiento. Por lo tanto, sed vosotros también sobrios, y no los tengáis como enemigos, sino restauradles como miembros débiles y descarriados, para que pueda ser salvo todo el cuerpo de vosotros. Porque al hacerlo os edificáis los unos a los otros.

XII. Porque estoy persuadido de que estáis bien versados en los escritos santos, y nada está escondido de vosotros. Pero a mí esto no me ha sido concedido. Sólo que, según dicen estas escrituras: Enojaos y no pequéis, Que el sol no se ponga sobre vuestro enojo. Bienaventurado es el que recuerda esto; y confío que es así con vosotros. Ahora bien, que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el mismo Sumo Sacerdote eterno, el [Hijo] de Dios Jesucristo, os edifique en fe y en verdad, y en toda mansedumbre y a evitar todo enojo, y en resistencia, y en longanimidad, y en soportar con paciencia y en pureza; y que Él os conceda la suerte y parte de sus santos, y a nosotros con vosotros, y todos los que están bajo el cielo, que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo y en su Padre que lo levantó de los muertos. Orad en favor de todos los santos. Orad también por los reyes y potentados y príncipes, y por los que os persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, que vuestro fruto pueda ser manifiesto entre todos los hombres, para que podáis ser perfeccionados en Él.

XIII. Me escribisteis, y también Ignacio, pidiéndome que si alguno fuera a Siria llevara consigo las cartas vuestras. Y esto es lo que haré si tengo una buena oportunidad, sea yo mismo o aquel a quien enviaré como embajador en vuestro nombre también. Las cartas de Ignacio que él me envió, y tantas otras cartas como hay en posesión nuestra, os las enviamos, según nos encargasteis; y van incluidas con esta carta; de ellas vais a recibir gran beneficio. Porque hay en ellas fe y resistencia y toda clase de edificación, que pertenece a nuestro Señor. Además, respecto al mismo Ignacio y a los que estaban con él, si es que tenéis noticias fidedignas, dádnoslas a conocer.

XIV. Os escribo estas cosas por medio de Crescens, a quien os encomendé recientemente y ahora os encomiendo: porque ha andado de modo intachable entre nosotros; y creemos que también ha hecho lo mismo con respecto a vosotros. Pasadlo bien en el Señor Jesucristo en gracia, vosotros y todos los vuestros. Amén.

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